martes, 8 de abril de 2008

hotel Ambassador. bombay. parte 2.

Abrí la maleta. Revisé todo lo que necesitaba. Los botes y los contratos. Perfectamente colocados, como la caja de herramientas de un cirujano, cada cosa en su sitio, para después, mañana, a última hora, volver con los cheques y la indiferencia. No era un mal trabajo, no era el mejor, pero servía.

Volví al salón. Era curioso pero la película parecía que me había esperado. Sin duda, “Qué bello es vivir”, otra vez. James Steward y Donna Reed. No fallaba cada seis meses, repetición, “Búfalo no puede dormir, no puede dormir, no puede dormir...” No sabía por qué recordaba estos datos. Ni siquiera sabía si alguna vez, antes, escribí sobre esta película. Aún así, yo no tenía ninguna gana de quedarme con nadie, ni con el flojo de James ni con la atractiva Donna. Aquella noche no. “Qué bello es vivir”, o la importancia que tiene darse a los demás, y la trascendencia y repercusión que las buenas obras de cada uno tendrán en el cielo y, por qué no, en la tierra. Había mensajes en el contestador, pero los ignoré vagamente. No era el momento. El móvil llevaba varias horas durmiendo, y tenía planes para mañana. Un viaje.

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